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La Fe Sin Obras Está Muerta

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Podemos mirar en el Antiguo Testamento y ver cómo la fe en Dios cambió el curso de las vidas de hombres y mujeres. Ellos pudieron operar dentro del Espíritu Santo hasta que el propósito de Dios se cumplió. Eran personas ordinarias que habían sido llamadas e influenciadas por Su presencia, Su Palabra y Su poder.

La fe humana es nuestra capacidad de creerle a Dios por lo que vemos y oímos. Relacionándola con nuestros cinco sentidos, podemos llegar a la creencia a través del tacto, el olfato, la vista, el oído y el gusto.

Hebreos 11:6

6 Pero sin fe es imposible agradarle; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que él existe, y que es galardonador de los que le buscan.

Romanos 10:13-17

13 Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

14 ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?

15 ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio de la paz, de los que anuncian buenas nuevas!

16 Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?

17 Así que la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios.

Dios desea que le creamos. Es Su responsabilidad llevarnos a un lugar de creencia, por lo que Él mismo se obliga con nosotros dentro de nuestras situaciones, circunstancias y relaciones. Dios traerá lo sobrenatural (Su poder) a lo natural (nuestras situaciones, circunstancias y relaciones) para llevarnos a un lugar de creencia en Él.

Como se afirma en el capítulo diez de Romanos, al predicador se le ha dado la responsabilidad de predicar la Palabra de Dios al mundo para llevarlos a la fe. Es la Palabra de Dios la que produce la fe de Dios. Esto es importante si vamos a entrar en la fe.

El Señor nos ha permitido y dado un método para recibir la fe mediante el oír la Palabra. Si oímos algo que está sustentado por la boca de dos o más testigos, tenemos el potencial de creerlo.

Hebreos 11:1

1 Es pues la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.

Santiago 1:2-8

2 Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas,

3 sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.

4 Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.

5 Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.

6 Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la ola del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.

7 No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor.

8 El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.

Santiago nos pide que tengamos por sumo gozo en medio de nuestras pruebas. Nuestra fe está siendo probada para que la paciencia pueda desarrollarse. La paciencia debe ser producida en nosotros para llevarnos a un lugar de perfección, de modo que no nos falte nada.

Uno de los obstáculos dentro del cuerpo de Cristo es la concupiscencia. Si nuestra fe va a funcionar a la perfección, debe ser probada. La prueba nos revelará si estamos operando o no dentro de la mente de Cristo.

Sí, Dios usará nuestras situaciones, circunstancias y relaciones para revelar nuestra falta de paciencia. Esto nos hará saber si la concupiscencia está operando, y Dios no se obligará a sí mismo a satisfacer nuestros caprichos. Fallamos dentro de nuestras situaciones cuando no obtenemos lo que queremos. Las cosas que queremos pueden no ser lo que el Padre quiere para nuestra vida.

Nuestros caminos, deseos y anhelos siempre nos llevarán al pecado, y el pecado produce muerte, lo cual nos causará ser separados o desconectados de las cosas de Dios.

Santiago 1:12-15

12 Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.

13 Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie.

14 Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.

15 Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.

No debemos olvidar que somos nuevas criaturas en Cristo, y el Señor tiene un propósito para Sus hijos. La paciencia es la capacidad de soportar el sufrimiento y el dolor sin refunfuñar, murmurar ni quejarse.

Tenemos que ser entrenados en esta nueva naturaleza. Tenemos que admitir que no sabemos nada acerca de esta vida. Antes de la salvación, fuimos entrenados en las obras de la carne. La carne es contraria al Espíritu, y Dios tiene un propósito y un proceso para entrenar esta nueva naturaleza.

Gálatas 5:19-21

19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,

20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,

21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

Efesios 3:10-12

10 para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales,

11 conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor,

12 en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él.

El propósito de Dios es que seamos conformados a la imagen de Su Hijo, Jesucristo. Dios puede tomar a un pecador y santificarlo completamente: cuerpo, alma y espíritu, y hacer que sirva a Dios.

El propósito es aquello que produce amor a través de situaciones, circunstancias y relaciones. Te llevará a negarte a ti mismo de todo aquello que se rebele contra él. El propósito producirá en ti un deseo tal que nada en este mundo vale la pena perder por causa de los caprichos.

San Mateo 16:26

26 Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

El propósito es más importante que tus experiencias, exposición, conocidos, familiaridades e intimidades, ya sean buenas o malas. Es nuestra razón interna para vivir. El propósito tiene que ser más poderoso que el sufrimiento del cuerpo y la mente en medio de angustias, necesidades o cualquier decepción. El propósito te hará enamorarte de Dios y de Su pueblo.

San Marcos 12:30-31

30 Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.

31 Y el segundo es semejante, a saber este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que estos.

El amor anhela ver el poder de Dios manifestado en cada situación que afecta la relación, y soporta con paciencia el dolor o las pruebas sin quejarse.

El propósito incluye un conocimiento de la fe. Es la fe la que ha establecido los límites para nuestra vida, y es la fe la que nos llevará a nuestro destino. Sin el conocimiento de la fe no hay propósito.

Oseas 4:6

6 Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos.

Esto es muy importante, porque si rechazas el conocimiento de la fe en esta dispensación podrías ser destruido según esta Escritura. El propósito tiene que ser nuestra vida, no solamente nuestro servicio razonable. Debemos regocijarnos en cuanto a nuestro propósito, que es convertirnos en hijos manifestados de Dios.

I Corintios 15:45-49

45 Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.

46 Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual.

47 El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo.

48 Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales.

49 Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

II Corintios 5:17-21

17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

18 Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación;

19 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.

20 Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.

21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

Quizás te preguntes: "¿Cómo puedo llegar a tener este tipo de mentalidad?" El Señor nos dijo que le pidiéramos sabiduría y que se la pidiéramos con fe. Dios nos dijo que usáramos nuestra fe para pedirle cosas espirituales, mientras que la tradición ha entrenado nuestra mente para usar la fe y pedirle a Dios cosas naturales. Lo nombramos, lo reclamamos, lo confesamos, pero nunca lo poseymos. Autos, casas, dinero, tierras, etc.; ninguna de estas cosas puede satisfacer a la nueva criatura en Cristo. La única felicidad para una criatura de fe es operar dentro de los límites que la fe ha establecido para su vida.

Nuestra fe debe ser probada para producir paciencia, y nuestra paciencia nos libra de toda nuestra lascivia para que podamos hacer la voluntad del Padre. Muchos de nosotros hemos quedado cortos en sabiduría. Necesitamos saber exactamente qué es la sabiduría de Dios.

Santiago 3:13-18

13 ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre.

14 Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad.

15 Porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica.

16 Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.

17 Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.

18 Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.

La Escritura ha revelado dos tipos de sabiduría: una terrenal y una celestial. Necesitamos tomarnos un momento para ver en cuál sabiduría hemos estado operando, o si hemos estado operando en ambas. Si hemos estado operando en ambas, entonces somos de doble ánimo, y la Palabra nos dijo que no pensáramos que recibiríamos algo del Señor.

Él no dijo que no recibiríamos nada; simplemente no vendrá del Señor. Así que es posible que vayamos a recibir algunas cosas, y si no vienen del Señor, ¿de dónde vienen? Vienen del funcionamiento de nuestra mente carnal.

Las experiencias pasadas han formado y moldeado en nosotros mentalidades que se oponen al propósito que Dios tiene para nuestra vida. El Señor está diciendo que esas mentalidades no vinieron de Él, sino que son diabólicas. Podemos operar en la sabiduría de Dios un día y en la sabiduría del diablo al siguiente. Si no estamos sembrando en el espíritu, entonces estamos sembrando en la carne.

Gálatas 6:7-10

7 No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.

8 Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.

9 No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.

10 Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.

Esta Escritura es importante para nosotros si vamos a operar dentro de la sabiduría de Dios. Sembrar semillas espirituales dentro de nuestras situaciones carnales producirá la vida del Espíritu. La sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, libre de toda materia extraña, contaminación o corrupción. También es pacífica, tranquila, sin contienda; amable, libre de toda aspereza, rudeza o intensidad; benigna, tolerante en sus disposiciones; llena de misericordia y buenos frutos, bondad y compasión. Esta es la sabiduría que viene de lo alto, y si queremos paz, esta sabiduría debe ser sembrada en paz. No podemos usar la sabiduría de Dios mezclada con la sabiduría de este mundo y esperar obtener la paz de Dios.

Santiago 2:14-26

14 Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?

15 Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día,

16 Y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos; pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?

17 Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.

18 Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.

19 Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.

20 ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?

21 ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?

22 ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe fue perfeccionada por las obras?

23 Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios.

24 Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe.

25 Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fue justificada por obras, cuando recibió a los mensajeros y los envió por otro camino?

26 Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.

Así que la fe sin obras está muerta, es decir, es inerte, insensible, inactiva, obsoleta, fallecida y sin espíritu. Quiero usar la misma operación que Dios usa para llevarnos a un lugar de creencia. Para que un pecador sea salvo, debe oír la Palabra de Dios y creer en su corazón hasta alcanzar la justicia.

Sin embargo, quiero escribirles a quienes ya somos salvos y tenemos el Espíritu Santo obrando en nuestras vidas... la Biblia dice que el cuerpo sin el espíritu está muerto; de igual manera, la fe sin obras está muerta.

Nuestra fe debe ser vivificada para que pueda operar dentro de nuestra situación. ¿Qué hará que mi fe cobre vida?

Gálatas 5:5-6

5 Porque nosotros por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia.

6 Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor.

Aquí vemos en la Escritura que nuestra fe obra por amor. El amor es lo que pone vida dentro de la fe; por lo tanto, nuestra fe está muerta sin amor. Cuando nuestra fe está siendo probada, debemos entender que su propósito es que quien nos ofende tenga la oportunidad de experimentar el amor ágape. El amor ágape es eficaz y está lleno de poder para lograr resultados que ningún otro amor puede alcanzar.

Cuando tenemos el Espíritu Santo y el Señor nos coloca en una relación difícil, Él no solo quiere que influyamos en la otra persona, sino que también nuestra fe está siendo probada para desarrollar paciencia en nosotros y librarnos de la lascivia. Si no deseamos nada para nosotros mismos, entonces nuestra fe, que opera por amor, puede ser eficaz para lograr el propósito de Dios. Si tu fe está motivada por cualquier otra razón que no sea el amor, no logrará el propósito de Dios.

El propósito en el corazón de Dios era que Él quería hijos. Él tuvo fe en Su propósito y Su amor vivificó Su fe. El amor solo puede conocerse por las acciones que impulsa.

Colosenses 2:12

12 Sepultados con él en el bautismo, en el cual también fuisteis resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos.

San Juan 3:16-17

16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

Romanos 5:8

8 Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Nuestro amor necesita verse dentro de nuestras situaciones, circunstancias y relaciones difíciles. Sin embargo, este no puede ser el amor de la complacencia o la autosatisfacción. Debe ser un ejercicio de propósito.

El amor cristiano, ya sea ejercido hacia los hermanos o hacia los hombres en general, no es un impulso de los sentimientos. No sigue las inclinaciones naturales ni se agota únicamente en aquellos con quienes tiene alguna afinidad, atracción cercana o relación. El amor busca el bienestar de todos y no hace mal a nadie. El amor busca oportunidad para hacer bien a todos los hombres, y especialmente a los de la familia de la fe.

1 Corintios 13:1-13

1 Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.

2 Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.

3 Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.

4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;

5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;

6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad;

7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

8 El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y el conocimiento se desvanecerá.

9 Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos.

10 Pero cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará.

11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; pero cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.

12 Ahora vemos por espejo, oscuramente; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.

13 Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.

Aunque tengamos toda la fe para mover montañas, y no tengamos amor, nada somos. Esto significa que no tenemos ningún valor ni importancia para Dios. Es como si no existiéramos. En otras palabras, la fe sin la acción del amor está muerta.

Debemos entender que Dios es amor. Cuando el amor opera dentro de nuestra relación difícil, Dios se está manifestando. La fortaleza de nuestra fe en Dios está determinada por el amor que tenemos por Dios y por su pueblo.

Santos, Dios busca un pueblo que se niegue a sí mismo en lo que desea y que lo ame. Dios quiere que lo amemos por lo que está haciendo en nuestras vidas. Necesita que suframos con paciencia junto a Él, y que confiemos en lo que Él ha propuesto para nuestras vidas.

I Juan 3:10-18

10 En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios.

11 Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros.

12 No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa lo mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas.

13 Hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os aborrece.

14 Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano permanece en muerte.

15 Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él.

16 En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.

17 Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?

18 Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.

I Juan 4:7-21

7 Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios.

8 El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.

9 En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.

10 En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.

11 Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.

12 Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros.

13 En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu.

14 Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo.

15 Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios.

16 Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.

17 En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo.

18 En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.

19 Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.

20 Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?

21 Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.

I Tesalonicenses 3:1-13

1 Por lo cual, no pudiendo soportarlo más, tuvimos por bien quedarnos solos en Atenas;

2 y enviamos a Timoteo nuestro hermano, servidor de Dios y colaborador nuestro en el evangelio de Cristo, para confirmaros y exhortaros respecto a vuestra fe,

3 a fin de que nadie se inquiete por estas tribulaciones; porque vosotros mismos sabéis que para esto estamos puestos.

4 Porque también estando con vosotros, os predecíamos que íbamos a pasar tribulaciones, como aconteció y sabéis.

5 Por lo cual también yo, no pudiendo soportarlo más, envié para informarme de vuestra fe, no sea que os hubiese tentado el tentador, y que nuestro trabajo resultase en vano.

6 Pero cuando Timoteo volvió de vosotros a nosotros, y nos dio buenas noticias de vuestra fe y amor, y que siempre nos recordáis con cariño, deseando vernos, como también nosotros a vosotros,

7 por eso, hermanos, en medio de toda nuestra necesidad y aflicción fuimos consolados acerca de vosotros por vuestra fe;

8 porque ahora vivimos, si vosotros estáis firmes en el Señor.

9 Por lo cual, ¿qué acción de gracias podremos dar a Dios por vosotros, por todo el gozo con que nos gozamos a causa de vosotros delante de nuestro Dios,

10 orando de noche y de día con gran insistencia, para que veamos vuestro rostro, y completemos lo que falte a vuestra fe?

11 Mas el mismo Dios y Padre nuestro, y nuestro Señor Jesucristo, dirija nuestro camino a vosotros.

12 Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros,

13 para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.

Santos, nuestra fe y amor consolarán a quienes atraviesan una gran aflicción. Cada vez que la fe y el amor se manifiestan, es lo sobrenatural manifestándose en lo natural.

Dios los bendiga

Con amor, Bishop